A mi me gusta mucho la estética japonesa… el mundo del Koan y del Haiku, que vienen de ahí, son poemas de inspiración zen y a mí me parecen prodigiosos literariamente. (…) el zen [me interesaba], pero intelectualmente, o sea, como ejercicio mental. Así hasta hace unos 6 ó 7 años, cuando empecé a practicar yoga. Al principio, lo hacía para relajarme, y tal; pero, inmediatamente noté cómo cambió mi actitud: me empezaron a interesar las posturas… a descubrir el cuerpo, no sólo la mente. Al cabo de unos meses, mi profesora de yoga me habló del centro Luz Serena (…) donde se celebraba una sesión intensiva de meditación zen durante un fin de semana. Fui y después empecé a practicar solo, por mi cuenta, y… entonces comencé a conseguir… pues, ciertos estados mentales que… yo no digo que sean iguales que los psiquedélicos, pero… a mí me están interesando lo suficiente, y voy intuyendo que me pueden llevar a experiencias tan importantes como las psiquedélicas o demás acontecimientos importantes de mi vida. Tengo la sensación que de nuevo he vuelto a meterme en una gran aventura (…) unida al cuerpo, porque va unida a una postura física, a unos ejercicios, a una respiración, y… entonces, estoy realmente asombrado. Siento que debo renunciar a la inteligencia por primera vez en mi vida para poder avanzar. En realidad, no es que tenga que renunciar… es que no me sirven todos los elementos que hasta ahora yo creía que servían. Tengo que poner en juego otras partes, que están en mí mismo, pero que nunca antes había puesto en juego.
—Mariano Antolín Rato en esta entrevista

