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Interesantes especímenes humanos
Hoy: Terence McKenna ( I )

Indiscutiblemente, la brecha generacional es cada vez más amplia. Ya hemos señalado una de las posibles razones por las que esto puede ser debido, y hoy me toca hablaros de uno de los filósofos que más se ha dedicado a este virtual "salto cuántico" en la cultura: Terence McKenna—siempre junto a su hermano Dennis McKenna, quien se ha mantenido siempre, más discretamente, en un segundo plano.

Quien se introduzca por primera vez en el pensamiento de McKenna, recibirá la impresión de que su filosofía es de dibujo animado. Si se insiste más, sigue siendo de dibujo animado para un poco más tarde virar a videojuego de la Playstation durante un colocón importante.

Pero si empiezáis a dejaros contagiar por el entusiasmo del personaje, por sus geniales e imposibles giros intelectuales, y comenzáis a intuir la tremenda erudición que esconde bajo su máscara de loco-alucinado-cósmico, quizá os halléis considerando—como me pasa a mí—la posibilidad de que este tipo sea una de las personas más sabias del siglo pasado.

En esta primera parte del artículo, me centraré en la trayectoria vital de McKenna y en los acontecimientos que catalizaron su búsqueda. Dejaré el análisis de sus ideas más importantes para más adelante, presumiblemente para después de exámenes—mientras tanto siempre podéis echar un vistazo en kosmos.net (castellano) o en deoxy.org (inglés).

Si alguien desea, además, discutir sobre este u otro aspecto de nuestro filósofo-psiconauta, he abierto un hilo en el foro—el cual tenía ganas ya de estrenar, todo sea dicho de paso.

Primeros años de vida

Terence McKenna nació en una una pequeña ciudad de Colorado, Paonia. Hijo de un comercial de equipamiento eléctrico y un ama de casa, fue introducido por parte de su tío a la geología y a la caza de mariposas, desarrollando desde muy pequeño la afición de recolectar fósiles en los arroyos cercanos a su casa. Junto con su hermano Dennis cultivó también desde muy joven el gusto por la literatura de lo bizarro: ciencia ficción, psicología profunda, alquimia, y demás libros de temática esotérica. Su primer contacto con el mundo de la psiquedelia fue la lectura a los catorce años de "Las Puertas de la Percepción", de Aldous Huxley, época en la que también andaría entre las páginas de "Psicología y Alquimia" de Carl Jung. Según sus propias palabras, "[su] interés en las drogas, la magia, y las más oscuras aguas de la historia y la teología, [le] proporcionó el perfil de un príncipe florentino más que de un chaval creciendo en el corazón de Estados Unidos en los últimos años cincuenta."

Tras acabar el instituto se mudó a Berkeley  y comenzó estudios menores en Historia del Arte, participando más tarde en un programa experimental especial para alumnos avanzados, en una licenciatura distribuida entre Ecología, Conservación de Recursos y Chamanismo. Fue además militante y activista en los movimientos anti-bélicos de la época. Durante este período, en 1965, se introdujo en el uso de la marihuana y la LSD.

Estados alterados de consciencia

En contra de lo que pueda parecer, McKenna no fue nunca un gran defensor de la LSD, la cual encontraba "abrasivamente psicoanalítica" y con la cual le era difícil alucinar. El catalizador de su aventura vital fue la DMT—que contrariamente al ácido es una triptamina natural—, la cual probó por primera vez en Febrero de 1965. Él mismo describía la experiencia años más tarde:

Me hundí en el suelo. Experimenté la alucinación de catapultarme dentro de esos espacios de geometría fractal hechos de luz, y de repente me encontré a mí mismo en el equivalente de la capilla del Papa y allí estaban aquellos insectos élficos mecánicos, ofreciendo pequeñas y extrañas tablas con extrañas escrituras sobre ellas, y yo estaba horrorizado, completamente consternado, porque en una cuestión de segundos, mis propias expectativas sobre la naturaleza del mundo habían sido trituradas frente a mí. No me he vuelto a recuperar nunca de aquello. Estas criaturas élficas mecánicas me hablaban en un lenguaje multicolor condensado en máquinas rotantes que eran como huevos de Fabergé modelados en cerámica superconductora luminiscente y geles de cristal líquido. Todo esto era tan raro y tan intraducible que fue un completo shock.

Esto continuó sucediendo durante dos o tres minutos, en los que estas dimensiones ortogonales a la realidad me sepultaban, Cuando volví a la habitación y me recompuse, dije: "No puedo creerlo, es imposible" Llamar a esto droga es ridículo; tan solo significa que no tienes una palabra para esto y me sales con el vago concepto de que algo se mete en tu cuerpo y hay un cambio. No es eso: es como ser golpeado por una luz noética.

Después de esto, McKenna decidió tomarse un año sabático para irse al Nepal, dada la similaridad entre la experiencia psiquedélica y los tankas—pinturas devocionales budistas. Allí descubrió que formas predecesoras del lamaísmo, como el Bon, usaban plantas psicotrópicas en sus exploraciones de la consciencia:

llevé todo este material [DMT] a los Tibetanos y al Amazonas. Se lo dí a a los tibetanos, y me dijeron: "estas son las luces menores, las luces menores del bardo. No puedes ir más allá del Bardo y volver. Esto es lo más lejos que puedes llegar."

Una de las experiencias más impresionantes de esa época ocurre en Katmandú, lugar donde nuestro héroe echa un polvo salvaje en el que él y su compañera, rodeados de imaginería religiosa, se bañan en un psicofluído tántrico-ectoplásmico y en donde en un momento extático, puede ver reflejada la imágen de un monje tibetano que le había estado dando clases de sánscrito por las mañanas. Más tarde descubriría informes sobre chamanismo amazónico en los que un fluído violeta o azul oscuro producido por el cuerpo es usado en sesiones de ayahuasca con propósitos mágicos o de adivianción.

Tras unas cuantas experiencias más, como conocer a espías internacionales o traficar con hachís en la India, McKenna se embarcará en el viaje que definitivamente cambiaría su destino.

La Chorrera: empieza la marcha

Si bien la experiencia con la DMT fue el punto de partida de la búsqueda de McKenna, fueron las vivencias acaecidas en La Chorrera, una misión Colombiana situada en plena selva Amazónica, las que les harían comprometerse intelectualmente con la psiquedelia durante el resto de sus vidas. Hasta allí se desplazaron él, su hermano Dennis y tres compañeros más en busca de un elusivo psiquedélico, el oo-koo-hé. Pronto cesaron en su búsqueda al encontrar, dispersos en el paraje, multitud de Psylocibe Cubensis—hongos mágicos.

La ingestión de los hongos, combinados con harmalina fumada, provocará en nuestros exploradores la abrumadora sensación de que de alguna forma han abierto un canal de comunicación con lo Otro, sensación que se prolongará durante toda su estancia en la Chorrera. En un momento dado, Terence le pide a Dennis que imite los sonidos que éste está escuchando en su cabeza—con los que ya estaban familiarizados debido a experiencias de glosolalia derivadas del uso de la DMT. Lo que sigue es que:

Dennis emitió con la voz, durante varios segundos, un sonido seco, potente, mecánico, durante el cual su cuerpo se volvió rígido. Después de unos momentos de silencio, excitado y asustado, empezó a hacer todo tipo de preguntas. "¿Qué ha pasado?" y el memorable "¡No quiero convertirme en un insecto gigante!".

De alguna forma, Dennis intuye que con dicho grito ha activado algún mecanismo que podría haberle concedido, a modo de un antiguo chamán, acceso al invisible y siempre extraño campo de información transdimensional, y empieza a diseñar un experimento—el bautizado "Experimento de la Chorrera"—cuyas premisas vienen espléndidamente resumidas en uno de los pasajes más jugosos de "Alucinaciones Reales":

Dennis apuntaba hacia una especie de ciencia órfica donde los grandes avances se producirían utilizando únicamente la interacción de la cuaternidad compuesta por la voz, la mente, el cerebro y la imaginación. Sin embargo, presagiaba algo más que una sinestesia colectiva inducida por el canto. Estaba diciendo que las leyes de la acústica, los fenómenos bioeléctricos de bajo amperaje y nuestros cuerpos podrían ser manipulados para proporcionar al experimentador una vía de exploración a estados de la materia y campos de la física involucrados en altas energías y bajas temperaturas que eran, al menos entonces, terreno exclusivo de investigadores totalmente dependientes de instrumentos extremadamente potentes y sofisticados.

Fue posible por un momento soñar que los poderes del chamanismo, derivados de un conocimiento milenario de microfísica y bioelectrónica, estaban muy por delante del nuestro. La vía de entrada que parecía abrirse era una entrada fuera del tiempo histórico, de vuelta hacia algún tipo de conclusión arcaica casi olvidada.

Quizá las tradiciones chamánicas de este planeta posean un tipo de conocimiento que utiliza el cuerpo humano y su cerebro como vehículo, dejando la tecnología punta que nuestro "método científico" ha alcanzado en un pobre segundo puesto. Esto, realmente, es una vieja idea—el canto de sirena pitagórico—en el que la mente es más poderosa que cualquier acelerador de partículas, más sensible que cualquier receptor de radio o el telescopio óptico más grande y más completo en el procesamiento de información que cualquier ordenador: que el cuerpo humano, sus órganos, su voz, su poder de locomoción y su imaginación, son más que suficientes para explorar cualquier espacio, tiempo o nivel de energía en el universo. Esta era la idea que Dennis se proponía demostrar.

El "Experimento de la Chorrera"

Los detalles del experimento son ciertamente complicados a la par que fascinantes. Intentaré hacer un resumen necesariamente sesgado—y si queréis experimentar todo el contexto os invito a leer "Alucinaciones Reales" y "The Invisible Landscape".

La teoría que serviría como base del experimento fue trazada frenéticamente por un exhaltado Dennis McKenna, y era, según su hermano, "al igual que el vocabulario de la alquimia, una mezcla de formalismos científicos y aspiración hermética".

La idea básica era la psilocibina del hongo es en realidad un nexo químico con dimensiones superiores, transdimensionales—el hiperespacio psiconáutico—, que, mediante el sonido, podría ser llevada a un estado superconductor y de esta forma  provocar un intercambio de información con dichas esferas. El enlace, según Dennis McKenna, se establecería mediante la unión de los psicoactivos con el ADN y el ARN y permitiría a la humanidad tomar "las llaves de la ciudadanía galáctica".

Así que, el día del experimento nuestros exploradores toman un hongo vivo, todavía adherido a su substrato natural; ingieren ayahuasca y hongos y Dennis intenta replicar el sonido que escucha en su cabeza, como ya hiciera anteriormente, por tres veces. La última de las tres tentativas parece tener éxito: por un momento, el hongo desaparece y es sustituido por una pequeña reproducción holográfica del planeta Tierra. No fue este el único efecto que consiguieron: ambos hermanos entrarían durante las tres semanas siguientes en un estado mental en el que colindarían, con unos límites poco definidos, lo visionario, lo esquizofrénico, lo mágico y lo extraño.

En los límites de lo imposible

Durante esas tres semanas se da entre los hermanos McKenna un acuerdo tácito de la suspensión de la incredulidad. Dennis pasó a un estado sumamente introspectivo, acompañado de lo que comúnmente se suele denominar grandes delirios. Según su hermano, parecía como si su mente hubiese viajado a los confines del universo para ir poco a poco reintegrándose de nuevo con el mundo:

Dennis alternaba períodos de calma con arengas de escala supracósmica, como en "El hacedor de estrellas" de Olaf Staplendon. Imitaba, personificaba, describía e invocaba inmensas entidades gnósticas y maniqueas que luchaban en una escala cósmica. La lucha eterna entre el bien y el mal se escenificaba en su laberinto mental como en un cómic de cuatro dimensiones. Pero no le faltaba humor: en alguna ocasión se quejaba de sentirse "como un viejo mandeo", para luego romper a carcajadas por su agudeza.

Otro episodio realmente inquietante protagonizado por el menor de los Mckenna fue un viaje chamánico nocturno. El viaje chamánico, para los que os hayáis incorporado recientemente a las dimensiones extrañas del mundo, se describe tradicionalmente como "el desplazamiento [del] espíritu fuera de los límites de la realidad ordinaria, en dominio de sí (…) Es mediante sus viajes, que el chamán entra en contacto con el mundo de los espíritus y, de estos territorios paralelos, recupera información que será trascendental para la prosperidad de la tribu y el mantenimiento del bienestar de sus miembros":

La historia de Dennis era la clásica descripción de un viaje chamánico nocturno. Dijo que había ido al chorro y al cementerio de la misión que habíamos visitado antes para meditar. Cuando volvía hacia el campamento se encontró con un árbol particularmente grande, un Inga, cerca del camino que bordea la misión. En un impulso repentino lo escaló, dándose perfecta cuenta de que el ascenso al árbol del mundo es el motivo central del viaje chamánico siberiano. A medida que subía, sintió las polaridades recurrentes de muchos arquetipos, y cuando alcanzaba el punto más alto en su ascenso, algo que llamó "el vórtice" se abrió enfrente suyo un enorme torbellino de entrada en el tiempo. Podía ver los megalitos ciclópeos de Stonehenge y más allá, girando a una velocidad diferente y en un plano superior, el perfil de las pirámides, con su fachada de mármol reluciendo como no se había visto desde los tiempos de los faraones. E incluso más allá, en las turbulentas tripas del vórtice, vio misterios que eran arcaicos mucho antes del advenimiento del hombre—titánicas formas arquetípicas sobre mundos inimaginables para nosotros, arcanas maquinarias de agencias conscientes que recorrieron esta parte de la galaxia cuando nuestro planeta era joven y su superficie apenas se había enfriado. Esta maquinaria, estos enrevesados abismos, tocados por el frío del espacio interestelar y los eones de tiempo, asaltaron a Dennis. Se desmayó, y el tiempo, quién sabe cuánto, pasó.

Seguidamente se encontró en el prado a unas docenas de metros de su recién descubierto axis mundi. Si se cayó del árbol, parecía no haberle hecho daño. Sus pensamientos estaban llenos de asombro, exaltación, miedo y confusión. Parecía que el continuara estaba desmenuzándose delante de sus ojos, el tiempo y el espacio aglutinando los artefactos de dos mil años de esfuerzo humano en un vórtice de contradicciones apocalípticas. En ese estado de temor y exultación, en las profundidades de la revelación sobre ef destino de la humanidad entre las estrellas, Dennis volvió a nuestro campamento y sin ruido volvió a su hamaca, o se despertó del sueño.

I want to believe …

Los sucesos extraños no acabarán ahí. Terence describe como su hermano fue capaz, de alguna manera, de establecer contacto telepático con su mente, reproduciendo una conversación que no había mencionado a nadie anteriormente—relacionada con el hecho de que amaneciera del "polvazo tántrico" del que hemos hablado un poco más arriba con las bragas de su amante puestas.

También parece ser que Dennis materializó un objeto perdido de la infancia de ambos—una pequeña llave de metal—, que condujo a su hermano hasta un árbol en el que se podía ver una talla de varios años de antigüedad en la que se leía "Ama"—palabra que significa en el idioma indígena "hermano" y con la que se había estado refierendo a Terence— o que era capaz de extraer de ese continuum el nombre científico de las plantas que habían en la misión.

Por su parte, las experiencias de Terence fueron extrañas, aunque quizá de otro modo: dentro de él se instaló una voz que le hablaba, en lo que él describe como una relación de alumno/maestro, y que le animó a investigar sobre el I-Ching el modelo temporal que—siempre según este maestro hiperespacial—se halla inscrito en este antiguo oráculo oriental.

Como colofón a la experiencia, ya con un Dennis práticamente recuperado y con nuestros exploradores a punto de volver a casa, Terence se encuentra cara a cara con un platillo volante que parece emerger de las nubes del paraje. Recuperado del shock inicial, y dándose cuenta de que no va a ser abducido, repara en que el OVNI es idéntico a las fotografías del supuesto contactado George Adamski—y que eran fraudulentas, siendo en realidad el artefacto una tapa de aspiradora. Este elemento absurdo, como documenta Jacques Vallée, es común en muchas experiencias de contacto. Sobre este encuentro, McKenna se pregunta:

¿Sería algo que cogí de mi pasión de crío por los OVNI, algo tan fácil de rescatar de la mente como cualquier otro recuerdo? Mi idea estereotípica, aunque ya desmontada, del OVNI aparece de repente en el cielo. Al aparecer de una forma que despierta dudas sobre sí misma, consigue una disonancia cognitiva más completa que si su apariencia alienígena fuese totalmente convincente.

La versión publicada en España de "Alucinaciones Reales"—al igual que la primera versión original—carece de los dos últimos capítulos que McKenna esbozó con sus meditaciones acerca del asunto del OVNI, y que pueden ser consultadas en este enlace de aquí.

Con los hermanos McKenna y sus compañeros de regreso en el aeroplano, dejaré de momento aquí la historia. Recordad que el "fid-bak" sigue en todo el universo, en el multiverso, en el mundo, la internet, y de forma más humilde y concreta en el foro. ~ [ Segunda parte del artículo  ]

7 Comentarios

  1. santiago en Marzo 4th, 2009

    desde el punto de vista psiquiatrico enciuentro la historia un bastante esquizoide, parece ser que la traba fue bastante fuerte

  2. Sr_Psicoplasma en Marzo 4th, 2009

    si, el punto de vista psiquiátrico es lo que tiene … aquí algo sobre esquizofrenia: http://mondopsicotronico.net/?p=28

  3. SIRI BUDHA en Abril 14th, 2009

    es normal en los ayahuasqueros estas tremendas visiones y vivencias se diferencian de los estados alterados patologicos en los cuales es yo -self-es destruido o no existe o sus limites se borran el la realidad consensual…….

  4. Terence McKenna « Marihuana Blog en Abril 18th, 2009
  5. Terence McKenna | TodoCannabis en Mayo 12th, 2009

    [...] http://www.mondopsicotronico.net – (y 2) [...]

  6. FE en Junio 8th, 2009

    la experiencia mas fuerte que vivi con enteogenos fue la de tomar ayahuaska, y una dosis de museo de hongos psilocybe. Lo unico que recuerdo fue que me converti en mono y como esa sesion la hicimos sin la figura del chaman, me la pase jugando y entrometiendpme en el viaje de los otros que por supuesto no habian tomado los hongos, recuerdo de la facilidad que tenia de rodar pr el suelo y que este habia perdido su dureza, creo que pude haberme tirado de cabeza como si de una piscina se tratase sin hacerme nada…el viaje me dio la sensacion de que era un niño y que la experiencia era un juego, me daba la sensacion de lo inmadura que estaba mi conciencia por lo que todavia estamos en pañales!!!
    igualmente mi compañera vivio situacion tal que decido no ir al baño a orinar y hacerse encima, fue extraño acercarme y verle la cara de muñeca complice por su acto deliverado, me dijo que su vision era la de estar jugando en un rio….
    le faltaron los pañalessss!!!
    esa pocima tambien tenia flores de justicia pectoralis…

  7. FE en Junio 8th, 2009

    el plano astral es hacia donde vamos con estas experiencias, es un lugar muy pero muy plastico, es por lo que a trves de la voluntad propia del cuerpo emocional podemos crear la experiencia que queramos, por eso es un campo de juego muy vasto.
    si hay pureza en nuestras emociones y sentimientos
    el viaje sera grato por eso la importancia del ayuno y la limpieza antes de enprender viaje.
    espiritualmente no es considerada una vivencia interior autentica porque no es dada por nuestro ser nterno sino por la voluntad de nuestra personalidad. Este plano es el mundo de los sentimientos y estos son estadios intermedios que no simbolizan evolucion espirutual. Incurrir en estos estados es para comprender la naturaleza de las emociones y los sentimentos. y como poder elevarlos y transformarlos

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