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EL COMBATE DEL SIGLO:
Albert Einstein Vs. Son Goku
(arbitra: Alan Moore)

Uno de los conceptos que se repite en una gran variedad de culturas antiguas es el de éter. Consiste en una hipotética substancia extremadamente ligera que se creía ocupaba todos los espacios vacíos como un fluido. Éter era la denominación griega, y fue discutida por filósofos como Platón, Pitágoras o Aristóteles. Los indios lo denominaron "Prana" o "Akahasa". Los chinos "Ki" o "Chi".

Se supone que los maestros de las tradiciones secretas que aprendían a manipular esta energía podían llegar a conseguir resultados tales como teletransportación, bilocación o curaciones energéticas. Más o menos todo lo que hace Son Goku—aunque a otro nivel, claro.

¿Que si creo en el éter? Personalmente estuve una temporada practicando ejercicios taoístas de manejo de energía interna, más concretamente el de la circulación de la órbita microcósmica. Sin entrar en detalles, he ido teniendo ciertas experiencias que me hacen pensar que todo esto podría ser cierto. Si estáis interesados en el tema, os comento que usé el libro "Despierta la energía curativa a través del Tao", de Mantak Chia. Podéis encontrar un resumen sobre el Chi en la propia página web de Chia.

Estas suposiciones vienen pues de mi experiencia, lo que me convierte en una especie de empirista. Paul Feyerabend, quien básicamente decía que la ciencia es algo anárquico, escribió un artículo titulado "Como ser un buen empirista", del que podéis leer un buen resumen aquí y de donde extraigo la siguiente cita:

Puedes ser un buen empirista solamente si estás dispuesto a trabajar con muchas teorías alternativas más que con un solo punto de vista y la experiencia.

Así que, en el siguiente artículo, intentaré trabajar con la hipótesis de que los taoístas son algo más que un cuento chino que solo se creen idiotas incultos e iletrados sin título universitario como yo—que es lo que pregonan las posiciones más rígidas dentro del estamento científico: nuestros amigos los cienzufos, los cruzados del escepticismo salvaje™, que se hacen pajillas pensando en James Randi.

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Interesantes especímenes humanos
Hoy: Terence Mckenna ( II )

En el anterior post dejamos a los hermanos McKenna abandonando La Chorrera en plena resaca psicotrópica. Tras su experiencia, y como comentábamos, ambos hermanos dedicarán su vida a intentar hacer comprensibles para el resto de nosotros los tesoros obtenidos tras su inmersión en las oceánicas profundidades de la mente.

Dennis se hará cargo de los aspectos más científicos de las plantas, llevando a cabo estudios interdisciplinares que comprenden campos como la etnofarmacología, la medicina botánica o las aplicaciones médicas de los agentes psiquedélicos.

Terence, por otra parte, prestará más atención a los aspectos filosóficos que entraña la experiencia psiquedélica. Sus ideas pueden contemplarse como la fusión de antiguas y contemporáneas cosmogonías, que permitirían la reentrada de nuestra cultura en dimensiones en las que magia arcáica y ciencia-ficción se dan la mano.

Los muchachos de Kosmos.net hicieron un buen trabajo traduciendo una considerable parte del material escrito que puede encontrarse por Internet. Sin embargo, he decidido marcarme un resumen de su pensamiento para potenciales mutantes curiosos.

He de admitir que este blog parece una especie de Plataforma de Idolatría hacia este señor, y lo de idolatrar no es algo que me haya hecho nunca especial gracia. Pero es que, amigos, estamos ante un personaje de mucho peso dentro de toda la movida de la visión psicotrónica™. Él mismo se autodefine de la siguiente forma:

«Si estoy en lo cierto, soy Newton. Si no, estoy loco. No hay término medio. O, al menos, me gusta pensar que no hay término medio porque realmente me gustaría que fuese así».

Encima es un cachondo mental.

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McKenna: Verborrea ( III )

Cuando buscamos a alguien que nos guíe, que nos de una dirección, tendemos a virar hacia las instituciones. «Bien, iré a la Universidad, o al Ejército—alguien me proveerá de un propósito mayor», pero realmente eres tú mismo quien es el árbitro último. Si te mantienes como árbitro último serás menos susceptible a infectarte con ilusiones culturales. El problema con esto es que puedes sentirte mal por no estar infectado culturalmente. A esto se le llama alienación. Pero creo que la alienación es algo legítimo: básicamente he llegado a la conclusión de que si nos sentimos alienados es porque la cultura en la que vivimos es infantil, ingenua y estúpida.