Interesantes especímenes humanos
Hoy: Terence McKenna ( I )
Indiscutiblemente, la brecha generacional es cada vez más amplia. Ya hemos señalado una de las posibles razones por las que esto puede ser debido, y hoy me toca hablaros de uno de los filósofos que más se ha dedicado a este virtual "salto cuántico" en la cultura: Terence McKenna—siempre junto a su hermano Dennis McKenna, quien se ha mantenido siempre, más discretamente, en un segundo plano.
Quien se introduzca por primera vez en el pensamiento de McKenna, recibirá la impresión de que su filosofía es de dibujo animado. Si se insiste más, sigue siendo de dibujo animado para un poco más tarde virar a videojuego de la Playstation durante un colocón importante.
Pero si empiezáis a dejaros contagiar por el entusiasmo del personaje, por sus geniales e imposibles giros intelectuales, y comenzáis a intuir la tremenda erudición que esconde bajo su máscara de loco-alucinado-cósmico, quizá os halléis considerando—como me pasa a mí—la posibilidad de que este tipo sea una de las personas más sabias del siglo pasado.
En esta primera parte del artículo, me centraré en la trayectoria vital de McKenna y en los acontecimientos que catalizaron su búsqueda. Dejaré el análisis de sus ideas más importantes para más adelante, presumiblemente para después de exámenes—mientras tanto siempre podéis echar un vistazo en kosmos.net (castellano) o en deoxy.org (inglés).
Si alguien desea, además, discutir sobre este u otro aspecto de nuestro filósofo-psiconauta, he abierto un hilo en el foro—el cual tenía ganas ya de estrenar, todo sea dicho de paso.

Comentarios (7)
Al igual que el centro de un agujero negro, el final del tiempo es una singularidad necesaria, un dominio o un suceso en el que las leyes ordinarias de la física no funcionan. Imaginar lo que ocurre en presencia de una singularidad es, en principio, imposible, y por eso la ciencia, de forma natural, se ha atimidado con semejante idea. La singularidad última es el Big Bang, que los físicos creen que fue responsable del nacimiento del universo. La ciencia nos pide que creamos que el universo surgió de la nada, en un punto concreto y sin razón aparente. Esta noción es el caso último de la credulidad. En otras palabras, si puedes creerte esto, puedes creer cualquier cosa. De hecho, es una noción completamente absurda, aunque terriblemente importante por todas las suposiciones racionales que la ciencia desea preservar. Esas llamadas suposiciones racionales fluyen de esta imposible situación inicial.
En el momento de escribir estas líneas hay tres afirmaciones en el campo de la percepción extrasensorial que, en mi opinión, merecen un estudio serio:
Ya se sabe que alrededor del mundo del tebeo se mueve gente de lo más variopinta, y uno de los popes en esto de las dimensiones extrañas es nuestro admirado Grant Morrison, guionista escocés que, mediante la introducción de una buena dosis de ideas subversivas, revolucionaría el medio durante los 90.
Los niños que crecieron en este entorno interactivo se convirtieron en una pesadilla para los especialistas en marketing. Creedme, lo eran. Los creadores de medios los denominaron la "generación X" porque no respondían a los mensajes publicitarios del modo en que sus mayores lo hacían. ¿Qué había sucedido con ellos?
Es el futuro fractal. Aunque todo el mundo esté conectado a todos los demás, las ramas del universo fractal son de tantos ordenes de magnitud entre ellas que realmente nadie podrá conocer a los demás. No tendremos un universo común de discurso. Tú y yo podemos charlar porque menciono, por ejemplo, a un poeta, y ambos sabemos a lo que me estoy refieriendo. Pero para la próxima generación este tipo de conversación será imposible porque todo el mundo tendrá marcos de experiencia enormes aunque superficiales, que se intersectarán en porcentajes muy pequeños.
Realmente no sabemos lo que es un agujero negro; en el centro de un agujero negro se supone que existe una singularidad, y la definición de singularidad es precisamente que no sabes lo que es una singularidad.
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