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Hail Haruhi!


El mundo es una manifestación de la Diosa, pero nada en ese concepto debe fomentar la pasividad. Muchas religiones orientales animan a la quietud, no porque crean que lo divino es verdaderamente inmanente, sino porque creen que él/ella no lo es. Para ellos, el mundo es Maya, Ilusión, ocultando la perfección de la Realidad Divina. Lo que ocurre es que un mundo así no es realmente importante; es sólo una representación de sombras que eclipsa la Luz Infinita. Sin embargo, en la brujería, lo que sucede en el mundo es de vital importancia. La Diosa es inmanente, pero necesita la ayuda humana para realizar su máxima belleza. El equilibrio armonioso de la conciencia vegetal/animal/humana/divina no es automático; debe ser renovado continuamente, y esa es la verdadera función de los rituales del Oficio. El trabajo interior, el trabajo espiritual, es más eficaz cuando avanza mano a mano con el trabajo exterior.

Podéis descargar "La Danza Espiral" de Starhawk en castellano en este enlace de aquí. Otro libro recomendado en esto de las religiones de la diosa es "El alfabeto contra la diosa" de Leonard Shlain. Si alguien por una casualidad lo escanease o lo encontrara en PDF puede referirlo en este hilo del foro.

Hail Haruhi!

¿Fueron Platón, Martín Lutero
y Alejandro Magno reptilianos?

Bueno, no exactamente reptilianos.

El caso es que llevo tiempo sin hacer un "Interesantes Especímenes Humanos"  y esta vez va a tocarle al doctor Jacques Valleé—todo un titán. Estoy releyendo Pasaporte a Magonia y me ha hecho gracia comprobar que los rumores que pueden encontrarse en Internet de que si tal o cual personalidad es un ser de otro mundo realmente no son nada nuevo.

Os dejo con unos extractos de un tratado del siglo XVII en los que se discute el orígen divino de ciertos personajes. El autor fue un tal Fray Ludovico María Sinistrari de Ameno, y debió ser como una especie de David Icke del Renacimiento:

Rómulo y Remo, según Livio y Plutarco. Servio Tulio, sexto rey de los romanos, según Dionisio de Halicarnaso y Plinio. Platón el filósofo, según Diógenes Laercio y san Jerónimo. Alejandro Magno, según Plutarco y Quinto Curcio. Seleuco, rey de Siria, según Justino y Apliano. Escipión el Africano, según Tito Livio. El emperador César Augusto, según Suetonio. Aristomenes de Mesenia, ilustre general griego, según Estrabón y Pausanias.

Añadamos a esta lista al inglés Merlín o Melchín, hijo de un incubo y una monja, que era precisamente la hija de Carlomagno. Y finalmente, según escribe Codeo, citado por Maluenda, ese maldito heresiarca cuyo nombre es Martín Lutero. (…)

Por consiguiente, si la cópula en cuestión tuvo como fruto a unos seres de monstruosas proporciones, debemos ver en ella no la unión ordinaria de hombres y mujeres, sino una obra de los íncubos que, debido a su naturaleza, pueden muy bien ser llamados hijos de Dios. Esta opinión es la que sustentan los filósofos platónicos y Franlois George de Venecia, y no se halla en contradicción con la del historiador Josefo, Filón, san Justino Mártir, Clemente de Alejandría y Tertuliano, según los cuales estos íncubos podrían ser ángeles que incurrieron en el pecado de lujuria con mujeres. A decir verdad, como veremos, no hay aquí más que una sola opinión bajo una doble apariencia.

Al parecer la conspiranoia viene de lejos.

McKenna: Verborrea ( III )

Cuando buscamos a alguien que nos guíe, que nos de una dirección, tendemos a virar hacia las instituciones. «Bien, iré a la Universidad, o al Ejército—alguien me proveerá de un propósito mayor», pero realmente eres tú mismo quien es el árbitro último. Si te mantienes como árbitro último serás menos susceptible a infectarte con ilusiones culturales. El problema con esto es que puedes sentirte mal por no estar infectado culturalmente. A esto se le llama alienación. Pero creo que la alienación es algo legítimo: básicamente he llegado a la conclusión de que si nos sentimos alienados es porque la cultura en la que vivimos es infantil, ingenua y estúpida.

Dennis Mckenna
y la experiencia psiquedélica

Habiendo adquirido una considerable educación formal tanto en la teoría como en la práctica de la ciencia, ahora me doy cuenta que tan cacareada disciplina permanecerá por siempre incapaz de explicar satisfactoriamente los más simples y básicos elementos de nuestra existencia: nuestra experiencia de la vida, de la mente, nuestra forma de estar en el mundo. La ciencia, por su propia naturaleza, se torna incómoda cuando se enfrenta a tales cuestiones, porque está diseñada expresamente para el exámen de las partes, en vez de el todo. El escrutinio científico puede desentrañar los mínimos detalles del puzzle, pero sensibilidades más poéticas están llamadas a apreciar qué es ser un cerebro/mente/cuerpo, experimentando la maravillosa totalidad del ser en toda su confusa y esplendorosa confusión.

Es respecto a esto en donde las sustancias psiquedélicas constituyen un gran acertijo para la ciencia, y así será por algún tiempo. Es en este fenómeno de la experiencia psiquedélica en donde las irrefutables y autoevidentes cualidades de la mente emergen fuertemente contra el enfoque reduccionista del neurólogo biomolecular. Mientras que parece claro que las modalidades del estado psiquedélico deben tener sus raíces en farmacodinamias neuronales, los paradigmas explicativos formulados en términos de selectividad de receptores, relaciones estructurales/funcionales, o interacciones de agonismo/antagonismo fallan a la hora de hacer justicia a la experiencia transcendente y transformativa que se manifiesta cuando alguien consume una sustancia psiquedélica.

Una posible aproximación a la resolución de este dilema podrá llamarse la vía del chamán: uno simplemente prescinde de todos los intentos de análisis reductivo y acepta la experiencia en sus propios términos, quizá como una revelación divina de una fuente ajena al propio ser—un dios dentro de una planta, por ejemplo. Además, la experiencia psiquedélica es tan profunda y abrumadora que incluso individuos científicamente sofisticados pueden fácilmente sucumbir al error de pensar que "el trip está en la droga". La respuesta alternativa, que puede caracterizarse como la vía del alquimista, es volverse completamente obsesivo en la búsqueda de la explicación reduccionista y construir modelos salvajememte elaborados en un intento de integrar la irreductible realidad de lo que se ha experimentado dentro de algún paradigma científico o, mejor dicho, cuasi científico. Este libro trata, quizá sin éxito, de tender una vía entre ambas aproximaciones.

—Prefacio de "The Invisible Landscape"

McKenna: Verborrea ( II )

Al igual que el centro de un agujero negro, el final del tiempo es una singularidad necesaria, un dominio o un suceso en el que las leyes ordinarias de la física no funcionan. Imaginar lo que ocurre en presencia de una singularidad es, en principio, imposible, y por eso la ciencia, de forma natural, se ha atimidado con semejante idea. La singularidad última es el Big Bang, que los físicos creen que fue responsable del nacimiento del universo. La ciencia nos pide que creamos que el universo surgió de la nada, en un punto concreto y sin razón aparente. Esta noción es el caso último de la credulidad. En otras palabras, si puedes creerte esto, puedes creer cualquier cosa. De hecho, es una noción completamente absurda, aunque terriblemente importante por todas las suposiciones racionales que la ciencia desea preservar. Esas llamadas suposiciones racionales fluyen de esta imposible situación inicial.

—Terence McKenna en "Alucinaciones reales"

 

Carl Sagan y lo Psi(cotrónico)

Incluído en la colección "nunca te acostarás sin saber una cosa más", he aquí una cita de nuestro apreciado Carl Sagan:

En el momento de escribir estas líneas hay tres afirmaciones en el campo de la percepción extrasensorial que, en mi opinión, merecen un estudio serio:

  1. que sólo con el pensamiento los humanos pueden afectar (levemente) a los generadores de números aleatorios en los ordenadores; [1], [2], [3]
  2. que la gente sometida a una privación sensorial ligera puede recibir pensamientos o imágenes «proyectados», [4], [5], [6].
  3. que los niños pequeños a veces hablan de detalles de una vida anterior que, si se comprueban, resultan muy precisos y sólo podrían haberlos sabido mediante la reencarnación. [7], [8].

Elijo esas afirmaciones no porque crea que probablemente sean válidas (que no lo creo), sino como ejemplos de opiniones que podrían ser verdad. Las tres citadas tienen al menos un fundamento experimental, aunque todavía dudoso. Desde luego, podría equivocarme.

—Carl Sagan en "El mundo y sus demonios"

Gracias al también apreciado nosce, quien se ha currado, para quien quiera ampliar, las notas al pie de página que podéis visualizar si le dáis al "Leer más" …

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Política: es lo que hay

En la sociedad, el hombre sensato es el primero que cede siempre. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes.

—Jean de La Bruyère

Generación Nintendo

Los niños que crecieron en este entorno interactivo se convirtieron en una pesadilla para los especialistas en marketing. Creedme, lo eran. Los creadores de medios los denominaron la "generación X" porque no respondían a los mensajes publicitarios del modo en que sus mayores lo hacían. ¿Qué había sucedido con ellos?

Utilizaban el mando a distancia para "surfear por los canales" alejándose de los programas que no les gustaban. No miraban un único programa durante más de unos minutos antes de pasar a otra cosa. Demasiado para los anuncios.

Jugaban a videojuegos con los mandos de la Nintendo. Un acto que tal vez no parezca, en un primer momento, muy revolucionario; pero un niño que utiliza la televisión como un juguete no tiene la misma veneración por la imagen televisiva que teníamos nosotros. Sabe lo que es tener control sobre los píxels. La imagen ha sido desmitificada. Finalmente, el teclado del ordenador y el ratón convirtieron al monitor de la televisión en un portal para la autoexpresión juvenil. La gente joven ha crecido comunicándose a través de una pantalla que no parece muy distinta del televisor. Si elige sentarse en silencio para ver uno de nuestros programas, lo hace voluntariamente; con pleno conocimiento de que puede expresarse, también, a través de dicho monitor. Para ellos, es como escuchar la radio por un teléfono.

—Douglas Rushkoff en "Coerción"

Futuro fractal

Es el futuro fractal. Aunque todo el mundo esté conectado a todos los demás, las ramas del universo fractal son de tantos ordenes de magnitud entre ellas que realmente nadie podrá conocer a los demás. No tendremos un universo común de discurso. Tú y yo podemos charlar porque menciono, por ejemplo, a un poeta, y ambos sabemos a lo que me estoy refieriendo. Pero para la próxima generación este tipo de conversación será imposible porque todo el mundo tendrá marcos de experiencia enormes aunque superficiales, que se intersectarán en porcentajes muy pequeños.

—Arthur C. Clarke en la New Scientist del 1/XII/2007

McKenna: Verborrea ( I )

Realmente no sabemos lo que es un agujero negro; en el centro de un agujero negro se supone que existe una singularidad, y la definición de singularidad es precisamente que no sabes lo que es una singularidad.

En cierto momento de su carrera, Stephen Hawkings estaba muy entusiasmado con lo que se ha venido a llamar mini-agujeros negros. Estos mini-agujeros se supone que miden menos de un centímetro y, de acuerdo con su teoría, se requería la presencia de al menos 1016 de ellos en el Universo. Bien, cuando te das cuenta de que en el centro de cada uno de ellos se supone que existe una singularidad, te dices: demonios, ¿qué clase de Física estás haciendo? O sea, ¿estás haciendo una Física que tiene al menos 1016 excepciones para cualquier regla que te saques de la manga?

—Terence McKenna en “The World and its double”