Hail Haruhi!

El mundo es una manifestación de la Diosa, pero nada en ese concepto debe fomentar la pasividad. Muchas religiones orientales animan a la quietud, no porque crean que lo divino es verdaderamente inmanente, sino porque creen que él/ella no lo es. Para ellos, el mundo es Maya, Ilusión, ocultando la perfección de la Realidad Divina. Lo que ocurre es que un mundo así no es realmente importante; es sólo una representación de sombras que eclipsa la Luz Infinita. Sin embargo, en la brujería, lo que sucede en el mundo es de vital importancia. La Diosa es inmanente, pero necesita la ayuda humana para realizar su máxima belleza. El equilibrio armonioso de la conciencia vegetal/animal/humana/divina no es automático; debe ser renovado continuamente, y esa es la verdadera función de los rituales del Oficio. El trabajo interior, el trabajo espiritual, es más eficaz cuando avanza mano a mano con el trabajo exterior.
Podéis descargar "La Danza Espiral" de Starhawk en castellano en este enlace de aquí. Otro libro recomendado en esto de las religiones de la diosa es "El alfabeto contra la diosa" de Leonard Shlain. Si alguien por una casualidad lo escanease o lo encontrara en PDF puede referirlo en este hilo del foro.

Comentarios (3)
Cuando buscamos a alguien que nos guíe, que nos de una dirección, tendemos a virar hacia las instituciones. «Bien, iré a la Universidad, o al Ejército—alguien me proveerá de un propósito mayor», pero realmente eres tú mismo quien es el árbitro último. Si te mantienes como árbitro último serás menos susceptible a infectarte con ilusiones culturales. El problema con esto es que puedes sentirte mal por no estar infectado culturalmente. A esto se le llama alienación. Pero creo que la alienación es algo legítimo: básicamente he llegado a la conclusión de que si nos sentimos alienados es porque la cultura en la que vivimos es infantil, ingenua y estúpida.
Habiendo adquirido una considerable educación formal tanto en la teoría como en la práctica de la ciencia, ahora me doy cuenta que tan cacareada disciplina permanecerá por siempre incapaz de explicar satisfactoriamente los más simples y básicos elementos de nuestra existencia: nuestra experiencia de la vida, de la mente, nuestra forma de estar en el mundo. La ciencia, por su propia naturaleza, se torna incómoda cuando se enfrenta a tales cuestiones, porque está diseñada expresamente para el exámen de las partes, en vez de el todo. El escrutinio científico puede desentrañar los mínimos detalles del puzzle, pero sensibilidades más poéticas están llamadas a apreciar qué es ser un cerebro/mente/cuerpo, experimentando la maravillosa totalidad del ser en toda su confusa y esplendorosa confusión.
En el momento de escribir estas líneas hay tres afirmaciones en el campo de la percepción extrasensorial que, en mi opinión, merecen un estudio serio:
Los niños que crecieron en este entorno interactivo se convirtieron en una pesadilla para los especialistas en marketing. Creedme, lo eran. Los creadores de medios los denominaron la "generación X" porque no respondían a los mensajes publicitarios del modo en que sus mayores lo hacían. ¿Qué había sucedido con ellos?
Es el futuro fractal. Aunque todo el mundo esté conectado a todos los demás, las ramas del universo fractal son de tantos ordenes de magnitud entre ellas que realmente nadie podrá conocer a los demás. No tendremos un universo común de discurso. Tú y yo podemos charlar porque menciono, por ejemplo, a un poeta, y ambos sabemos a lo que me estoy refieriendo. Pero para la próxima generación este tipo de conversación será imposible porque todo el mundo tendrá marcos de experiencia enormes aunque superficiales, que se intersectarán en porcentajes muy pequeños.
Realmente no sabemos lo que es un agujero negro; en el centro de un agujero negro se supone que existe una singularidad, y la definición de singularidad es precisamente que no sabes lo que es una singularidad.
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